
Cambiando ligeramente de tema, resulta curioso que tan sólo nos fijemos en las casualidades y azares que en cierto modo cambian nuestra rutina diaria, mientras que no reparamos en los que hacen que las cosas salgan bien. En este hecho se basa la falsa, manoseada y archiconocida Ley de Murphy, según la cual, si algo puede salir mal, saldrá mal. Esto no es cierto en absoluto: lo que ocurre es que sólo nos fijamos en las ocasiones en que si algo podía salir mal, salió mal. Si, por el contrario, salió bien, no reparamos en ello, ya que parece que tenemos cierta tendencia a registrar en nuestra memoria las veces en que las cosas se tuercen. Ejemplo: una mañana se nos cae la tostada que estábamos untando de mermelada para el desayuno, y resulta que cae al suelo por la parte untada, con lo cual dedicamos unos cuantos juramentos al evento. Dos días más tarde, la tostada del desayuno se nos cae de nuevo, pero esta vez somos afortunados y lo hace por el lado sin untar: seguramente nos limitaremos a recogerla, satisfechos, y seguiremos desayunando sin dar más importancia al suceso. Una semana después se nos vuelve a caer la tostada (qué le vamos a hacer; somos torpes), y esta vez la fatilidad hace que -¡chof!- vuelva a tocar el suelo con la parte de la mermelada. Enfadados, murmuramos la consabida frase "¡Murphy tenía razón!", ya que ni siquiera recordaremos la ocasión en lo que no ocurrió lo mismo porque ya lo habremos borrado de nuestra memoria. En la situación en que algo puede salir mal, tenemos tendencia a recordar sólo las casualidades negativas (aquellas que rompen el apacible devenir de las cosas). En realidad, la Ley de Murphy no existe: su lugar lo ocupa un mecanismo psicológico. Haced la prueba, y fijaros la próxima vez en que vayais a hacer algo en lo que haya una pequeña posibilidad de que salga mal: si sale bien, como es de esperar, veréis que rápido os olvidais. Si, por el contrario, sale mal, enseguida estareis invocando a Murphy. ¡Seguro!

1 comentarios:
Estimado Ricardo; tu debate ideológico, efectivamente muy racionalista no sirve sino para confirmar la existencia de las leyes de Murfin ( lo leonesizo).Para hacer una ley perfecta esta debe contemplar excepciones, y así planteó Murfín las suyas. DE tal manera que tu comentario viene a ratificar la validez y vigencia de dichas leyes, en el sentido de que el Destino existe, no como algo inexorable y predeterminado, sino como algo inexorable y posible. Si utulizamos un análisis que supere el espacio-tiempo, tendremos que es perfectamente explicable el sentido de ese Destino no como algo inexorable y futuro, sino como algo parado y sucedido, pero reversible, de manera que nuestra vida transcurre simultánemamete en todas sus etapas y podríamos pasar sin problema de una fase a otra, de un minuto a otro, si tuvieramos la facultad de la inmortalidad. Por otro lado, la racionalidad estricta no sirve para explicar las leyes de Murfín, por que otra excepción suya a sus leyes dice que cuando intentas resolver un problema, lo único que haces en complicarlo.Saludos
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