(Advertencia: este post es un divertimento personal. Espero que nadie se lo tome tan en serio como para hacer sesudas críticas o reconvenciones)
De niño siempre pensé que León era el sitio de España donde mejor se hablaba castellano. Como parte incuestionable de esa creencia, también estaba seguro de que los leoneses no teníamos ningún tipo de acento. Por supuesto, no era el único en pensar esto: de hecho, aún es frecuente escuchar tales afirmación en debates familiares de sobremesa y en las discusiones de bar.
El primer desengaño me lo llevé cuando con once años fui al Campamento de los Amigos de Francisco de Asís (hoy Campamento Padre Pacífico), en Descargamaría (Sierra de Gata, Cáceres). Éramos diez chicos de León, y nos llevamos la sorpresa de que a los cacereños les hacía gracia nuestro acento. Mi indignación fue enorme: ¿cómo se atrevían a decir eso precisamente ellos, que parecía que se comían partes de las palabras, y con ese acentazo que a mi me parecía casi andaluz? "Habláis cantando", decían cuando les preguntaba sobre ello. Eso era el colmo. "Pero si en León no tenemos acento", respondía uno en su inocencia. Al interlocutor solía hacerle gracia, y a veces nos imitaba entonando preguntas: "¿Qué hora éeess?" era una de las que más éxito tenía. Uno se acababa encogiendo de hombros y lo achacaba a que eran rarezas extremeñas.
Con los años, y en el mismo Campamento, fui descubriendo que había ciertas palabras y expresiones que eran desconocidas para mis amigos cacereños. Recuerdo una situación en la que, mientras estábamos cortando unos troncos, uno de ellos se puso a tararear una canción de Mano Negra que por aquel entonces era muy famosa. Cuando paró de cantar, le dije "Sigue, sigue, que la canción me presta". Recuerdo la cara de extrañeza que puso. "No te entiendo, - dijo- ¿Quieres que te preste el disco o qué?". Sorprendido, tuve que explicarle que quería decir que me gustaba mucho aquella canción. "En León decís cosas muy raras", dijo él, meneando la cabeza. Poco a poco tuve que darle la razón: había muchas palabras que allí eran desconocidas, como "gocho" (lo que incluía que no comprendían expresiones como "eres un gocho", "eso es una gochada", etc.), "madreña", "mancarse", etc.
Viajando por ahí también comprobé que a los leoneses nos confunden frecuentemente con asturianos, o incluso con gallegos. La última vez que estuvimos en Nueva York coincidimos con unos sevillanos en un restaurante, y tras hablar un rato nos dijeron que pensaban que éramos asturianos por el acento.
Pero he visto que hay matices según la zona de la provincia: cuando conocí a la madre de un amigo de Carrizo, pensé que era gallega por el acentazo que tenía. Todavia hoy, andando por los pueblos del Órbigo, se puede apreciar un acento que recuerda mucho (pero mucho, mucho) al de los bercianos. Hace poco le pregunté a nuestra veterinaria si era de Ponferrada, y me dijo que era de Benavides, pero que cuando estudiaba en León sus compañeros de carrera le decían lo mismo. Me da la sensación de que el Órbigo todavía es una frontera en este sentido, y que de allí al occidente no sólo se conserva mejor el leonés, sino también "el acentín".




