El asteroide en cuestión, llamado 2008 TC3, era de pequeño tamaño, ya que no sobrepasaba los tres metros de diámetro, pero ello no ha impedido que trazara un luminoso surco sobre el cielo nocturno de Sudán a las 2.43 GMT (4.43 hora española peninsular). En ese momento, el asteroide, que había sido descubierto este mismo lunes por el
telescopio Mount Lemmon (Arizona), estaba siendo seguido atentamente por varios observatorios de todo el mundo. Entre éstos ha destacado el
Observatorio Astronómico de Mallorca (OAM), que
según el periódico ADN ha conseguido retratar el instante de la entrada, aunque la distancia que le separa de Sudán hace dudar seriamente de la veracidad de semejante afirmación. De hecho, la prestigiosa página
Spaceweather.com asegura que a estas horas (tarde del miércoles) todavía no se ha recibido ninguna

imagen del evento. Ello sin duda se debe a que el asteroide ha estallado sobre una zona en la que no existen medios técnicos para registrar el acontecimiento. En cualquier caso, un complejo científico situado más al sur, en Kenia, ha logrado grabar y medir el impacto sónico provocado por el bólido.
(imagen de la izquierda. Peter Brown, UWO) Se calcula que la explosión ha tenido una potencia entre 1 y 2 kilotones, y los científicos del OAM y de la
Universidad de Ontario Oeste creen que el objeto se ha desintegrado casi en su totalidad, aunque apuntan que es bastante factible que algunos fragmentos del meteoro hayan caído al suelo, constituyéndose así en meteoritos.
Este fenómeno reviste un excepcional interés por varios motivos. En primer lugar, como ya se ha dicho, porque ha sido la primera vez en la Historia que se ha podido predecir un bólido o meteoro natural (recordemos que existe el precedente de los provocados por la entrada en la atmósfera de satélites y otros ingenios artificiales). En segundo lugar, porque el asteroide era un NEO (Near Earth Object), y el que se haya podido descubrir antes de su impacto, a pesar de su reducido tamaño, es una muestra de que los programas de seguimiento de este tipo de objetos están siendo un éxito cada vez mayor. Y en tercer lugar, porque existe una gran posibilidad de que haya producido meteoritos, que en el caso de que sean recogidos aportarán una información valiosísima acerca de la formación e historia de nuestro sistema solar. Y es que estas rocas extraterrestres se formaron al mismo tiempo que los planetas, es decir, hace unos 4.500 millones de años, y de hecho fueron ellas las que mediante un proceso de acreción funcionaron como auténticos ladrillos cósmicos, conformando los diferentes objetos del sistema solar. En la Tierra es muy difícil estudiar esta materia prima primigenia, ya que los procesos geológicos y atmosféricos (erosión, vulcanismo, etc.) la han ido transformando a lo largo de millones de años hasta hacerla irreconocible. Por eso son tan importantes los meteoritos, ya que realizan la misma función y aportan casi la misma información que algunas de las carísimas misiones espaciales, pero con la diferencia de que nos llega a la Tierra como un “servicio a domicilio”. Tanto por su valor científico como por su interés para ciertos coleccionistas, los meteoritos en ocasiones alcanzan un gran valor económico, por lo que proliferan los llamados “cazameteoritos” profesionales como
Mike Farmer, quien a estas horas es más que probable que ya se encuentre entre Sudán y Kenia a la búsqueda de un fragmento del que sin duda sería uno de los meteoritos mejor cotizados de los últimos tiempos.