Viaje A Donde Sí Se Habla Leonés (I): Cabreira

19 de febrero de 2010

El domingo pasado apareció un espléndido reportaje sobre la lengua de Cabreira (La Cabrera) en la Revista del Diario de León, y que venía firmado por el periodista Emilio Gancedo y el bañés Jonatan Rodríguez. Por desgracia, los contenidos de la Revista no se suelen colgar en la web del periódico, aunque en esta ocasión sí que es posible leer el reportaje en línea
En cualquier caso, os lo copio entero tal y como apareció en el blog Tierra Alantre la mesma Fala. La foto es de Norberto.


Durante estos últimos meses, y por razones que, la mayor parte de las veces, muy poco tienen que ver con la filología y sí mucho con la política, el tema del leonés ha sido llevado de un lado para otro, como en volandas, entre despachos políticos y titulares de prensa. Y por eso la pregunta que se impone ahora es la siguiente: ¿No sería buena cosa acudir a las -ya escasas- zonas en las que aún se habla para ver qué es y cómo es esta lengua? El Diario inicia aquí una miniserie de reportajes que se adentra, pues, en los lugares en los que sí se «fala». El primero: La Cabrera/Lla Cabreira. 

-¿Quéi tal? 

-Home... ¡menos mal que se te vei el pelu! 

Esto es la Cabrera, concretamente, el pueblo de La Baña. La Cabrera es una comarca de unos 900 kilómetros cuadrados ubicada en el extremo suroccidental de la provincia de León, colindante con Orense y con Zamora. Tradicionalmente se ha venido dividiendo en Cabrera Alta (que corresponde con la cuenca alta del río Eria, es decir, el municipio de Truchas); y la Cabrera Baja (valle del río Cabrera con sus afluentes, equivalente a los municipios de Benuza, Encinedo y Castrillo de Cabrera). En tiempos del Reino de León, la comarca se subdividía en tres entidades jurídicas de sugestivo nombre: Ribeira (Ribera), Llouxada (Losada) y Cabreira (Cabrera), también llamada Merindad de Peñarramiro. 

La Cabrera es un territorio muy montañoso, está inscrito en pleno macizo galaico-leonés y lo enmarcan cumbres que rozan los 2.200 metros (Teleno, 2.188 metros; Peña Trevinca, 2.127; Las Portillinas, 1.956, El Morredero, 1.762...). El paisaje enlaza lo atlántico con lo interior y, pese a su gran riqueza natural, hecha de pastos, brezales, robledales y bosques de ribera, resulta de escasa rentabilidad agrícola, por lo que los cultivos de subsistencia y la diversificación componían, hasta los años setenta del pasado siglo, una presencia humana que siempre consideró muy dura la supervivencia en estos valles. El gran aislamiento geográfico y la lejanía con respecto a las grandes vías de comunicación hizo el resto, creando el mito -y el tópico- de la Cabrera como lugar apartado y atrasado (no en vano, Ramón Carnicer llamó «Donde las Hurdes se llaman Cabrera» a la obra que recoge su viaje por la comarca, editado en 1970). El centeno, las huertas, una ganadería de vacas, ovejas y cabras y hasta viñas en las laderas soleadas era el panorama que tradicionalmente podía verse aquí hasta que la despoblación, como en tantos otros lugares, vació estos pueblos, algunos de ellos casi por completo. 

-¿Fuste güei a trabayá? 

-Nu... ando un poucu malu... y amás güei nu yía día d'andá pulla caleya... 

Es decir, que «hoy no es día de andar por la calle», responde un paisano de La Baña a la respuesta de si fue hoy a trabajar. Las canteras de pizarra que se establecieron, sobre todo en esta localidad, han supuesto una amplia fuente de trabajo y casi el único sustituto -junto al muy incipiente turismo rural- a unas agricultura y ganadería ya meramente testimoniales. La contrapartida viene dada por la vista de laderas enteras cubiertas de restos y escombros procedentes de la extracción, tratamiento y laminado de una pizarra que, mayoritariamente, servirá para techar casas y edificios de Centroeuropa. Gallegos, portugueses, zamoranos y leoneses, y gentes de muchas otras procedencias trabajan en alrededor de catorce explotaciones. La Cabrera, junto con las comarcas vecinas de El Bierzo y la gallega de Valdeorras, conforma el primer productor de pizarra a nivel mundial. 
    -¿Cúmo van los tous rapaces? 
    -Bien, están agora ñu colexiu, ña escuela. 
    Cerca de donde dos vecinos se preguntan por el trabajo, una señora le pregunta a otra por cómo marchan sus hijos. En la Cabrera se habla cabreirés. Y las gentes de estos pueblos mantienen posiciones un poco ambivalentes con respecto a su habla propia. Para unos es algo tan exclusivamente diferente y propio de cada lugar que hasta llega a recibir sólo nombres locales (en La Baña, uno de los lugares donde mejor se conserva, dicen que hablan bañés); otros, en cambio, lo explican como si fuera una mezcla de gallego y castellano, incluso «hablar mal», «hablar de pueblo» o «como antes», y le aplican nombres despectivos como «chapurriáu» o «falotas». 
    Pero el cabreirés no es, en realidad, ninguna mixtura de lenguas ni ningún síntoma de ignorancia. Más bien al contrario. El cabreirés es, sencillamente, leonés; y la Cabrera es una de las dos comarcas de la provincia donde mejor se conserva, por no decir que es una de las dos comarcas (la otra sería el Alto Sil), donde el leonés sigue estando vivo socialmente, donde puede oírse en la calle. 
    -Fuei al médicu ayeri, y yía un médicu buenu... 
    -Pues you ando mala d'esta pierna... 
    -Pa qu'andará una pulla vida, pueis namás que pa sufrir. ¡Ay Señor, cuando t'alcurdarás de mí! 
    Sin embargo, el cabreirés, el leonés de la Cabrera, a pesar de seguir vivo, está completamente ausente de la vida oficial e institucional. Desde el hecho de que algún presidente de junta vecinal ha querido desterrar la lengua hasta del callejero (castellanizando «Eras» por «Eiras», por ejemplo) hasta su inexistencia en espacios culturales de la comarca (casas de cultura, Museo de la Cabrera en Encinedo); ni documentos oficiales, ni clases optativas en la escuela, ni cursos, ni talleres... en ese sentido, nada de nada. Es célebre la anécdota del niño que, en clase, no entendía por qué el dibujo de ese animal nocturno que ulula aparecía al lado de la letra «L». Para él, ese ave se llama «curuxa» (la coruja de otras zonas de León) y nunca había oído lo de «lechuza». 
    Es decir, que el cabreirés, el leonés de esta comarca, es una verdadera joya lingüística, un tipo de patrimonio que sumar a los valores naturales, a la música (gaita de fole, y chifla y tamborín, ambos conjuntos instrumentales conviven en armonía aquí), a la arquitectura tradicional (las sugerentes casas de patín, corredor cerrado, piedra y losa, llouxa, que, inexplicablemente, están siendo destruidas y sustituidas por extraños chalets impersonales y desnaturalizados) y a las costumbres ancestrales, pero que, a diferencia de estos otros, aún no se sabe cómo dar a conocer, cómo poner en valor. Se han escrito libros (la traducción del Principito, el clásico de Saint-Exupéry, «El Prencipicu»), diccionarios (el Vocabulario de La Baña) o la nueva literatura de ficción basada en gran parte en esta variante («Epífora», «Breve hestoria d'un gamusinu», de Xosepe Vega) que se suman a los clásicos (la novela costumbrista «Entre brumas», de José Aragón, con abundantes pasajes en cabreirés) o el técnico «El habla de la Cabrera Alta» de Concha Casado... y, no obstante, todavía no se ha impuesto con plena convicción la verdad, el hecho de que falar cabreirés constituye uno de los más originales, importantes y decisivos valores sociales y culturales de esta comarca, ya que proporciona una insustituible información sobre la evolución del latín al romance, además de ser vehículo de expresión de una comunidad humana concreta que en sólo sobre el orgullo de su pasado, raíces y tradiciones, puede construir un futuro pleno y verdaderamente consciente de su lugar en el mundo. 
    Y con eso, «buenas ñueites, y cun un burru t´acoches siete ñueites». 
    Rasgos lingüísticos 
    El cabreirés, además, posee rasgos propios dentro de lo que es todo el dominio lingüístico astur-leonés. Por ejemplo, la palatalización (que es uno de los fenómenos que sirven para singularizar esta lengua con respecto a las de su entorno; llobu frente a lobo, llágano frente a légamo, lluna frente a luna) es realmente acentuada y afecta también a la «ene» (ñalga, ñiñu, ñariz, ña -en la-, ñueite -noche-, etc.), como pasa o pasaba en otras comarcas leonesas y asturianas aunque de una manera más extrema todavía (y así, a veces afecta incluso a los artículos, Lla Baña). También hay que apuntar que el cabreirés varía ligeramente en cada valle. Por ejemplo, en Corporales la tercera persona singular del presente de indicativo del verbo ser es «ye» (como en el asturiano central actual, o como en el León central -la Cepeda, Órbigo- antes de que se difuminara a lo largo del siglo XX), mientras que en el municipio de Encinedo sería «yía», como en el occidente de León y Asturias. Otra forma curiosa es el conjunto -uei- donde normalmente el asturleonés occidental hace -ui- (mueito, mucho; trueita, trucha). 
    La leyenda de Xuanicu L'Osu 
    Yérase un matrimoniu de recién casaos que vivía ñu monte, cuidando'l fatu p'ahí p'arriba, pa lla fonte pioyosa, xunto al Valdebuercu. Un día, el maridu, que chamábase Xuan, hubo de baxare a Lla Baña deixando sola a lla muyer. Tenía que volvere pa lla cena, peru pasóu´l tiempu, chegóu lla ñueite y el maríu ¡quei ñun chegaba!. Fasta que ya mui tarde, cuandu sólu andaban pol mundu lla lluna p´arriba y los llobos p´abaxu, chamaron ña puerta; eilla corriéu a abrire asperando vere al sou Xuan peru ¡Virxen santísima!, ñun yera´l maríu él que chamaba, siñon un osu grandísimu, l´osu que tenía atemorizadas a llas xentes de tolos puebros y aldeas d´esti llugar. Eilla corriéu asustada a ascuendese d´aqueilla fiera del diabru peru l´osu corriéu más, tomóula coñas suas manotas y llevóusela cautiva a lla sua cueva donde fícieula lla sou muyere, ¡cómu oyenlu! 
    Cuandu ya escomenzaba ll´ alboriada chegóu Xuan a lla casa y al vere que eilla ñun taba dientru corriéu esesperáu por esos montes de Dios chamándola a gritos que partían l´alma. Peru ñon encontroula enxamás y esesperáu el probín murriéu de pena al pouco tiempu. Dende ñestoncias lla muyere, que yera xoven y fresca comu una rosina, tuviéu que vivire conu osu, chorandu ñueite y día comu una madalena. Pasou´l tiempu y un día ñacieule un fiyu al que puso-ye´l ñome de Xuan, en memoria del sou padre. Yera un rapacín preciosu, peru con una fuercia... ¡ay, madre, qué fuerzota tenía lla criatura! Y cona sua madre y l´osu que llos tenía acautivaos, vivíu Xuanín, medrando y faciéndose cada vez más grandón y más fuerte. 
    Un día, que yera fiesta de Lla Baña y l´osu había salido a cazare, lla muyere sintíu ganas de baxare al baille del puebru y ñin corta ñin perezousa dixíu-ye a Xuanín: «¡Ay, mieu rapá, si pudiéramos quitare lla llouxa...!» Nestoncias Xuanín dixíu-ye que esu facíalu él cona dea pequerrina y ¡dito y feito!. Pouco después lla madre y el fiyu chegaron a Lla Baña y presentáronse ñu baille. ¡Ñaide podía creyere ñaquel milagru!. Cuandu´l osu volviéu a lla sua cueva y viéula vacía escomenzóu a ruxire; dixían que llos sous ruxios sintiéronse en mueitas lleguas ña redonda. 
    Esesperáu rompiéu lla llouxa que facía de puerta y corriéu lluegu fasta Lla Baña en busca de lla muyere y el rapacicu, peru llos homes del puebru ya taban apreparaos con grandes palos y picos y ferramentas y cuandu´l osu chegou y viéu aqueillu, asustóuse y afuyóu espantáu. Ñaide volvíu a velu enxamás de llos enxamases pola Pioyosa, el Valdebuercu ñin por denguna parte. Xuanín y lla sua madre quedárunse a vivire en Lla Baña. 
    Eilla ñunca casóuse, lla probina, peru vivíu cuidada y protexida por «Xuanín del Osu», que asína yera comu chamabanye llas xentes. Y por dalgu debía sere, creu you, porque´l mozu escontra más años tenía, más parecíase a un osu y más gustabaye triscare por esos montes ñas ñueites de lluna grande; fasta decíase que a escondidiellas alcontrábase conu osu qué encautivó a lla sua madre cuandu yera recién casada, peru esu, si yía verdá ou ñon... ¡vaiga vusté a sabere! 
    Animales, fuentes, calles y refranes 
    Preguntamos más. Por ejemplo, los nombres de los animales domésticos y salvajes. Aquí nos encontramos con pitas (gallinas), recos y furiles (cerdos y cerdines), ouveyas, marones (ovejas, castrones), xabarines (jabalíes), llobos (lobos), rollas (tórtolas), raposos (zorros), curuxas (lechuzas), toupos (topos), andurinas (golondrinas), panxulinas (mariposas)... ¿árboles, plantas? El bedul o bedulu (adebul), rebollu (roble), mazaneiru (manzano), la cereisal o cerulal (cerezo), la carqueixa (carrasquilla), el amayulín (que es la zarza) o el sanguiñu (el cornejo). 
    ¿Y qué decir de las fuentes? La Fayeda, la Llaguna´l Pilón, de la Llaguna Seca, La Fuente Santa, Fuente d'Alba, el Caballón, La Murteira, Fuente l´Acillinu, Fuente de Santa María, del Picón, la de Valdebuéis, la de Gonta o La Pioyosa. Pero el mejor, el más poético nombre es sin duda «Onde ruxe l'augua». Y, obviamente, el tan conocido Lago de la Baña es, sencillamente, El Llagu. 
    Sonoros, guapos y curiosos nombres son también los de las calles de La Baña: gran parte de ellos no existen en el callejero oficial, pero así son conocidos por la gente del pueblo: Caleya Espiernapitas, Caleya´l Outeiru, Caleya d´Ancima de Villa, Plaza de la Paneira, Plaza de La Eira Grande, Caleya del Caminu Vieyu... y un cartel verdaderamente paradójico, titulado como «Calle Cai» (es decir, «calle calle»). Caleya, Caleyu y Cai son tres nombres para designar «calle» en leonés. 
    También pedimos que nos refieran algunos refranes: «Si nu chueve n'Agostu, nu hai magostu», «El día de tolos Santos, la ñieve pullos altos, y el día de San Andrés, a la puerta la verés». «Veintiocho de Xaneiru, Santo Tirso Verdadeiru» o «El día de San Brás, la gaya pasarás» (se refiere -nos dicen- al sol al atardecer, ya que cuando pasa la gaya -rama de árbol, cima o cumbre- del pico Verdugueo, las horas de luz solar diarias aumentan). 
    Otros lugares en los que esta lengua se manifiesta, auténtica y potente, es en la manera en la que los paisanos nombran las montañas, laderas y cumbres: L'Acillinu, Fuisusanu, Murtrabeya, Fayeda, La Cebral del Llagu, el Xibriu, Valdebuéis, L'Altu las Gobernadas, El Coupetín, L´Albar... Pero la toponimia que se ha de escribir en rótulos, carteles y mapas, esa se castellaniza (El Morredero por El Morredeiru; el puerto de Carbajal por el Altu'l Carbayal...) o se galleguiza (el puerto de Fonte da Cova se llama en La Baña «Las Fontanicas»). 
    Preguntamos en La Baña por los nombres de los barrios y los prados y tierras que los rodean, otra buena forma de conocer este leonés vivo: aquí nos hablan del Barrio de Piñiella, formado por las tierras de La Barreira, La Vallina, Las Pozas, Las Eiras del Barreiro, El Barreiro, El Prau´l Rubiu, Las Piñiellas, La Barriada y la Fraugua. El Barrio de San Pedru tiene L'Outeiru, La Cru'l Outeiru y Vildéu. El Barrio de Cazaleyas está compuesto por La Funtaniella, La Solana, Las Llagunas, La Veiga y La Vallina. El Barrio de la Llama tiene El Caminu Vieyu, El Prau la Llama y Viforcos, y el Barrio de Canciella, la Sienra, La Valluerca, Veigalostrigos, El Tumbiu y Los Barriales. 
    Una excelente forma de comprobar cómo suena y se comporta el cabreirés, además de escuchar las conversaciones por la calle, es preguntarles a los vecinos por los nombres tradicionales de los pueblos de esta comarca. Éstos son algunos: Trueitas (Truchas), Trueitiellas (Truchillas), Quintaniella (Quintanilla de Yuso), Valdaviéu o Valdaviáu (Valdavido), Valleyu (equivalente al castellano «vallejo», Baíllo), Villarinu (Villarino), Encinéu (Encinedo), Robréu de Llouxada (Robledo de Losada), Ambasauguas (Ambasaguas), Santulaya (Santa Eulalia), Castrufenoyu (Castrohinojo), Llouxadiella (Losadilla), Ñugare (Nogar), Ñoceda (Noceda), Manrubiu (Marrubio), Llomba (Lomba)... Es de notar que a medida que el río Cabrera avanza camino de encontrarse con el Sil van apareciendo rasgos del gallego hasta Puente de Domingo Flórez, donde esa lengua es ya la tradicional o popular. El leonés occidental y el gallego oriental, aunque próximos y con los habituales préstamos lingüísticos que se dan entre todas las lenguas que se «tocan», pueden parecerse y presentar algunas formas similares, pero, obviamente, no son lo mismo; son dos lenguas bien estudiadas por la Filología desde hace más de un siglo. 
    La leyenda del desencanto 
    «Yiera un fríu día d'iviernu cuando un cazador salióu de la súa casa a cazá ño monte. Cerca de los Campaneirus d'Entrañu sintióu cantá a una moza, aquella voz yiera una maravilla, nunca un home había escueitáu cousa tal. Poucu a poucuu, fóise acercando a aquella voz, hasta que deixóu de suná. Entre unos leves susurros al principiu y con una crara voz lluegu, una muyier yi dicía: 'Acércate, nu téñades miedo, que'l mieu cuerpu yía una culuebra muei grande. Cuando me veyas salí tienes que escupime ña cabeza y en ese momentu you vulveréi a convertime en muyier'. El cazador, nerviosu, pero cun ganas de outiar aquella moza de tan bunica voz, esperóu paciente la salida de la culuebra. Cavilando cuál sería el tamañu del animal, de pronto vióu aparecé delantre d'él la culuebra más grande que viera nunca. Cheno de pánicu, escapóu a la carreira. Lu que nunca chigóu a sabé este cazador yiera qu'aquella culuebra tan grande escundía a una bella princesa mora que fora encantada, y que ña condición para romper l'encantu yiera ñecesario qu'un home yi escupiese ña cabeza».

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