ALFONSO VII, REY DE LEÓN Y EMPERADOR DE HISPANIA

20 de mayo de 2007

Hoy mismo ha salido un artículo mío en las páginas centrales de la Revista del Diario de León con el mismo título que este post. Como nunca los sacan en la edición digital del periódico, os lo incluyo aquí para que podáis leerlo (sobre todo los leoneses en la diáspora). El dibujo es de mi amigo Jesús Ybarzábal, y la tabla cronológica es mía. A ver si os presta.

La problemática sucesión de Alfonso VI

A comienzos del siglo XII se suceden varios acontecimientos que marcarán el devenir del Reino de León. En primer lugar, en el año 1105 nace Alfonso Raimúndez, hijo de la infanta Urraca y de Raimundo de Borgoña. Aunque en un futuro a medio plazo este niño estaría llamado a ocupar el trono leonés, en aquel momento nada podía hacer prever tal acontecimiento, ya que el heredero era entonces su tío, el infante Sancho, único hijo varón de Alfonso VI. La infancia del Alfonso que nos ocupa tuvo que ser especialmente dura, ya que quedó huérfano de padre cuando sólo contaba tres o cuatro años. Poco después, su madre contrajo nuevo matrimonio con Alfonso I “El Batallador”, rey de Aragón y Navarra, pero esta unión, en lugar de estrechar los lazos entre las dos Coronas, se convirtió en una permanente fuente de conflictos que sumió en una grave crisis al reino leonés.

Por esa misma época, en el año 1108, ocurrió una gran desgracia que cambiaría el transcurso de los acontecimientos: en la batalla de Sagrajas Uclés, en medio de los combates, perdió la vida Sancho, el heredero del Reino. Alfonso VI, enfermo de dolor por tan gran pérdida, morirá poco después, siendo sucedido por su hija Urraca. No sabemos si en la mente del rey fallecido estaba la idea de que Alfonso I de Aragón fuera co-soberano junto a su hija, pero, en cualquier caso, la unión de las Coronas de León y Aragón fue efímera debido a las desavenencias conyugales existentes entre la madre y el padrastro del futuro Alfonso VII. No es éste asunto para tomarse a broma, porque, aunque hubo reconciliaciones, estas peleas maritales degeneraron en constantes batallas.

Mientras tanto, Urraca, siguiendo la ancestral costumbre leonesa, delegó el gobierno de Galicia en su hijo. Diego Gelmírez, obispo de Santiago, junto a varios nobles gallegos y leoneses opuestos al aragonés Alfonso I, y molestos con la pusilanimidad mostrada por Urraca, coronaron rey en Galicia en 1111 al todavía tierno infante Alfonso Raimúndez, y a continuación se dirigieron a León para entronizarlo. Sin embargo, Alfonso I no se quedó de brazos cruzados, y reuniendo un gran ejército de aragoneses y castellanos, les salió al encuentro y les venció en Villadangos.


Alfonso Raimúndez, rey


Las desavenencias entre Urraca y su marido continuaron durante muchos años, pero a ellas hubo que sumar las que surgieron entre la soberana y su hijo, con quien tuvo que compartir el reino por presiones de una parte de la nobleza. Cuando ella muere, en el año 1126, queda como único sucesor su hijo Alfonso Raimúndez, de 21 años, y que hoy en día es conocido como Alfonso VII. Éste recibió la corona ese mismo año en la ciudad de León.
Resulta curiosa la costumbre decimonónica de muchos historiadores de aprovechar la entronización de Alfonso VII para señalar el comienzo de la por ellos denominada “Dinastía Borgoñona”. En realidad no hubo tal cambio: la línea sucesoria en este caso estuvo marcada por la madre, y no por el padre. Lo mismo podría decirse del anterior “cambio de dinastía” en el Reino de León: cuando Fernando I, conde de Castilla de origen navarro, accedió al solio regio en 1037, en realidad lo hizo en virtud de su matrimonio con Sancha, quien era la auténtica heredera del reino, por lo que es incorrecto (y extremadamente machista) decir que en ese momento comienza la “Dinastía Navarra”. Por lo tanto, podría afirmarse que no hubo ningún cambio de dinastía en el Reino leonés, y sin duda así lo percibieron los contemporáneos.
Este rey tuvo unos comienzos realmente difíciles, ya que la parte de la nobleza que más simpatizaba con Alfonso I de Aragón se le opuso con firmeza. Tras sofocar las principales rebeliones, se enfrentó directamente con su padrastro aragonés por los territorios de la Castilla oriental que éste se había apropiado, consiguiendo que la ciudad de Burgos volviera a la órbita leonesa el 1 de mayo de 1127. A comienzos del año siguiente Alfonso VII contrajo matrimonio en León con Berenguela, hija del conde barcelonés Ramón Berenguer III.


Alfonso VII, emperador

Una vez apaciguado el reino, y neutralizada la amenaza aragonesa, el rey de León se embarcó en una exitosa serie de campañas contra los musulmanes almorávides. Tuvo tanta fortuna, que pronto se hizo evidente para todos que León se estaba haciendo de nuevo con la preponderancia militar y política en el solar hispano. La estrepitosa derrota de Alfonso I “El Batallador” en Fraga frente a los islamitas (1134) reforzó esta impresión. Además, este rey murió al poco tiempo, lo que fue aprovechado por Alfonso VII para recuperar los territorios de la Castilla oriental que aún continuaban bajo dominio aragonés. Por si fuera poco, el monarca leonés acudió en persona a la defensa de la ciudad de Zaragoza frente a los almorávides, y penetró en ella entre los vítores de los zaragozanos. Viendo que la coyuntura le era totalmente propicia, el 26 de mayo de 1135, día de Pentecostés, Alfonso Raimúndez fue coronado Emperador de Hispania en la catedral románica de León, y como tal fue reconocido por los demás reinos cristianos, por el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV (su cuñado), y por varios condes del sur de Francia. Pero poco después de este sonoro éxito, Alfonso VII de León tuvo que enfrentarse al díscolo condado de Portugal, que se convertiría en una espina clavada en el costado del Reino (ahora Imperio) leonés, hasta que llegó a proclamar su independencia en 1139. Fue reconocido como reino por el Emperador en el año1143.


Conquistas y política

Con Alfonso VII se amplió la frontera sur de León con la conquista de Ciudad Rodrigo y de Coria, lo que además sirvió para reforzar el límite occidental con el nuevo reino luso. Gracias a sus conquistas y a sus hábiles manejos políticos, el Emperador fue consiguiendo la desintegración del dominio almorávide en la Hispania musulmana. Así, en 1146 logró tomar Córdoba, y ya nada parecía capaz de detener el avance del rey leonés. Sin embargo, ese mismo año, los almohades (una nueva dinastía islámica del norte de África) irrumpieron en la Península, conquistando en poco tiempo y uno a uno los débiles reinos de taifas almorávides. Éstos, asustados por la invasión, no dudaron en solicitar urgentemente la ayuda de Alfonso. Por su parte, el emperador leonés tomó Almería en 1147, aunque podría considerarse que a partir de entonces comienza el declive de su reinado: Córdoba se entrega a los almohades en 1148, y Berenguela, su amada esposa, fallece en 1149 tras 21 años de matrimonio. A pesar de sus intentos, Alfonso no logró retomar Córdoba, y también fracasó en conquistar Jaén. En 1152 contrajo matrimonio con Doña Rica, hija del conde Ladislao III de Polonia. En 1155, sin que conozcamos bien los motivos, el Emperador divide oficialmente sus dominios entre sus dos hijos de una forma bastante equitativa: a Sancho, el mayor, le correspondería la Corona de Castilla (que incluía los reinos de Castilla y de Toledo), y a Fernando, la de León (Reinos de Galicia, Asturias, León y, en un alarde de optimismo, Portugal, además de los territorios de la Extremadura Leonesa).

En cuanto a su política matrimonial, Alfonso VII casó a su hija Constanza con Luis VII de Francia en 1152, y en 1153 unió a la infanta Sancha con su vasallo Sancho VI de Navarra. En 1155 obtuvo sus últimas victorias tomando Andújar, Pedroche y Santa Eufemia, pero en 1157 fue incapaz de retener las plazas de Baeza y Úbeda, y finalmente también perdió Almería. Atribulado por tamaña desgracia, Alfonso murió poco después cuando regresaba de la campaña, a la edad de 52 años. Dado que trasladarlo a la ciudad de León era prácticamente imposible debido a la distancia y a la época del año, el Emperador fue enterrado en Toledo.


Algunas reflexiones finales

Como hemos visto, los 31 años de reinado de Alfonso VII dieron mucho de sí. Es uno de los reyes leoneses de quien conocemos más datos gracias a la Chronica Adefonsi Imperatoris (Crónica del Emperador Alfonso), que fue escrita en su misma época por un autor desconocido, aunque sin duda era de origen eclesiástico y debía gozar de una posición muy cercana al monarca. En esta crónica, Alfonso Raimúndez recibe la denominación “Rey de León” en 42 ocasiones, siendo residuales las referencias a otros títulos como “Emperador de León y Toledo” (dos veces), o “Rey de los Hispanos” (una). Sin embargo, en ningún momento es llamado “Rey de Castilla” ni mucho menos “Rey de Castilla y León”. Llamo la atención sobre este hecho (que se repite en la documentación) porque hoy en día es raro encontrarse con una enciclopedia, libro de texto o incluso monografía de tema histórico donde no se le llame en exclusiva con alguna de las dos últimas y anacrónicas titulaciones. Esta aberración es producto de una historiografía dominada por el castellanismo que se arrastra más o menos desde la época de Alfonso X y sus tergiversadas y manipuladas Crónicas. En esta misma línea se podrían incluir casi todos los antihistóricos cantares de gesta castellanos (sobre todo los del ciclo del Cid); a pesar de ser principalmente fantasiosas obras de literatura, y a pesar de contar con múltiples errores cronológicos, de identificación de personajes, anacronismos, etc. fueron utilizados por el Rey Sabio como materia prima de sus mencionadas Crónicas, vendiendo una Historia castellanocéntrica al servicio de su dinastía. Por desgracia estas Crónicas, al estar redactadas en castellano, han sido utilizadas hasta la saciedad por los historiadores desde el siglo XIII hasta nuestros días, mientras que por el camino se han ido olvidando convenientemente del resto de las crónicas que no cuadraban con él, y que parten con el inconveniente de estar escritas en latín.

La “leonesidad” de Alfonso VII queda patente en multitud de detalles:

·Gran parte de sus monedas llevan incisa la figura de uno o varios leones y el nombre de la ciudad de León.

·Se coronó dos veces en León: una como rey, y otra como emperador.

·Los actos importantes para la monarquía (bodas, funerales, etc.) casi siempre tuvieron lugar en León, a pesar del enorme prestigio de Toledo.

Y ello sin restar importancia al resto de los reinos de la Corona, porque si por algo se caracterizó la monarquía leonesa fue por su respeto a las particularidades e idiosincrasia de cada uno de ellos.

Monedas de Alfonso VII

Podéis ver una foto de cómo quedó el artículo en el periódico en la sección "Imágenes" de mis telares.

12 comentarios:

josema dijo...

Se puede aportar otro dato bien significativo. ¿Por qué la ciudad de Zaragoza lleva un león en su escudo? La investigación resultará interesante.

R.Chao dijo...

Existe la leyenda de que Alfonso VII le concedió el león a la ciudad cuando entró en ella, o que los zaragozanos adoptaron tal símbolo en agradecimiento al Emperador. En cualquier caso, queda en el campo de la leyenda. Tampoco conviene olvidar que, como mucho, la heráldica era una disciplina en pañales en esta época, por lo que resulta un poco extraño que las ciudades se lanzaran a utilizar símbolos heráldicos tan tempranamente.

Anónimo dijo...

Si bien es cierto que la CAI en ningún momento menciona a Alfonso VII como Rey de Castilla, cabría recordar que la mencionada crónica es muy posiblemente obra autógrafa de un súbdito leonés del Emperador (acaso clérigo relacionado con el episcopado auturicenses), por lo que al interpelarlo en el texto es lógico que se dirija a él con tal dignidad regia y no con la intitulación castellanesista, habida cuenta, además, de la castellanofobia que parece destilar el autor de esta obra en diferentes pasajes de la misma. Roberto Dixit

gsdh dijo...

¿Acaso fue reconocido emperador por el Papa? Es curioso como no discutiis sobre ese tema pero si sobre la castellanidad de Alfonso VII. Claro esta que la histioriagrafia leonesa es experta en manipulación vendida a intereses espureos

Ricardo Chao Prieto dijo...

Todo a su tiempo, gsdh...

Anónimo dijo...

Por supuesto, Alfonso VII no tiene absolutamente nada de castellano, pero tampoco tiene mucho de leonés. Alfonso VII fue gallego de pies a cabeza: Nació en Caldas de Reis (Pontevedra) (que se llama así precisamente por este rey), fue criado por el conde gallego Pedro Froilaz, que está enterrado en la catedral de Santiago, y coronado como Rey de Galicia por el todopoderoso arzobispo Gelmirez en dicha catedral en 1111.
Los leoneses os quejais -con razón- del tratamiento que os da la historiografía española, pero el tratamiento que se le ha dado a Galicia es de juzgado de guardia.

Anónimo dijo...

hola, trabajo como investigadora en la Universidad de Jaén, y en algunos documentos he podido ver, ciertos privilegios que Alfonso VII concede a Abdil-Aziz en "segral" en el Guadalimar con sus términos y castillo. Así como la mitad de "Tierzo" a Pedro García, Alcalde de Baeza.
estos topónimos no he podido localizarlos, y me gustaría saber si existe algún tipo de cartografía o planimetría de sus conquistas por tierras jiennenses. Gracias.

Ricardo Chao Prieto dijo...

Que yo sepa no existen tales mapas.Lo único que se me ocurre decirte es que pruebes con los mapas topográficos actuales a ver si se conservan los nombres.

Anónimo dijo...

Gracias!!!, pero la verdad es que eso lo llevo intentando un par de semanas, y me estoy quedando ciega he consultado el topográfico 1:50.000, que se elaboró en los años 90 en los que aún conservan muchos topónimos de caseríos y fincas, pero nada de nada. La verdad es que no sé donde más mirar...

Ricardo Chao Prieto dijo...

Si te parece, escríbeme a chaobeta(arroba)gmailpuntocom y dame la referencia de los documentos para ver si puedo ayudarte.

Atman dijo...

Alfonso VII simplemente nació en Galicia, y fue educado por nobles gallegos que eran fieles al rey de León. Que al nacer Alfonso, reinaba su madre Urraca I de León, que poco tenía de gallega, y menos el padre de Alfonso... que era conde de borgoña. Asi que menos historias con galicia, que lo que había allí eran tramas mensuales con los eclesiásticos de santiago, que se habían convertido en los parásitos por antonomasia de todo el cristianismo peninsular. Y no, los de santiago no luchaban ni por galicia, ni por león ni por nada más que por engrandecer su patrimonio propio.

Anónimo dijo...

aunque tarde quiero comentar algo, primero mi gran respeto al reino de león pero la historia es la que es y en este caso alfonso raimundez nació en galicia, el testamento del rey alfonso le dejaba el reino de galicia en caso de casarse su madre como así fué, fue apoyado fundamentalmente en galicia por el conde de traba y apoyado por gelmirez, fue coronado rey de galicia, no rey en galicia como se ha dicho en este blog y así lo dice la historia compostelana REY DE GALICIA y después efectivamente se le llevó a León a coronarse porque mejor era desdeluego ser rey de leon y galicia que sólo de galicia, hasta aquí los hechos.
como gallego un orgullo grande siento por haber estado mucho tiempo en la corona de león.

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